
Te pienso dentro de ti misma, te pienso y te pido más, porque tú ,hermosa niña, me has devuelto parte del alma perdida. Ya que me es licito decir que después de sobrevivir a la tormenta , he caído en la mejor de las islas; pues tú cual hija del mar me has recogido igual que Calipso recogió a Odiseo y por mi parte no busque más que el sentir la tierna caricia de quien recuerda el calor de otra alma. Mi alma que había sido dejada a la deriva se ha encontrado en un paraíso en donde otros como yo son curados con el calor de dulces númenes que sin pedir nada a cambio curan las heridas de los desfallecidos a causa de el amor.
Eres grande en tus obras Afrodita, porque así como una vez fui el más feliz de los varones, ayer me hiciste el más desdichado de todos y hoy me devuelves la sangre que tomaste de mí para alimentar a los voraces usurpadores de amor que igual que muertos no hay sangre que les baste para saciar la sed que los corrompe, sed del alma enferma, sed del alma egoísta, sed de frivolidad.
Hoy mi alma vuelta a purificar por las artes de una hermosa Musa, vive recuperada de la transfusión que debió hacer para aquella que poco la quiso valorar y ahora siempre digna mi alma está lista para tomar una vez más el ese camino del amnte y que mejor camino que el de un numen, el numen que me mostro lo divino que puede ser aprender a perdonar.
Otra vez el amor que deshace el cuerpo me atormenta, como una amarga y dulce fiera invencible.
(Safo, frag. 97)

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